Mi ego me quiere aniquilar.
Ensancharon los barrotes transparentes más rígidos que el acero de mi cárcel mental, y el prisma que irradiaba brillo y fluidez en mi Origen, se tornó fábrica de prohibiciones, con sabor triste, amargo y de soledad. Cubrieron velos opacos a mi Corazón, y quedó atrapado dentro de una coraza de piedra, donde brotó moho corrosivo de tanto llanto interno. Por las grietas fluían lágrimas que empapaban los sentimientos, y así, mi ego fue invadiendo la existencia que respiro como ser humano, y me olvidé de mi Identidad Verdadera. Me crecieron espinas entre los pétalos que tengo para ofrecer...y sus aromas esperan intactos desde siempre para volver a florecer también en el viento. Sí, me olvidé de la poesía, del verso encadenado, de todos los bellos colores que percibía y de latidos ensimismados. Me expulsé de sentir alado mi palpitar y de los bonitos suspiros enraizados, de la Tierra que me nutría y de sus rincones tan sagrados.
Mi ego me quiere aniquilar.
Me creí ser él, mi sombra. Pretendí ser una creación mía...¡qué insensato! Inundé de su drama mis latidos, me dejé invadir los sentidos por su nimbo envolvente, simulado y desvivido. Me llené de sueños imposibles, de la frustración que emanaba, y acepté dar vida a roles inconscientes porque era la única forma de darme sentido.
Sigo escarbando en esto que me adentro, y me surge una pregunta que rompe la rima de mis escritos. Como humanidad, en su mayoría identificada uno a uno con esta convicción errada, ¿somos conscientes de todos los innumerables condicionantes internos y externos a los que estamos expuestos? No es una pregunta que te invite a titubear. Mi respuesta es que No. La mayoría no somos conscientes de nada o casi nada. Si lo fuéramos de algo, sería de una parte minúscula, (y eso ya podría ser un gran comienzo, aunque habría que ponerle mucha atención y decidir un proceso de indagación hacia los primeros cimientos de la separación intrínseca de lo que Somos para comprender qué nos ocurre). La imagen de pequeñas conciencias que alumbran podría asemejar a puntos de luz sueltos en la densidad oscura energética del planeta, como una noche sin luna y algunas estrellas.
Pero claro, esos condicionantes son tantos y tan variados, que los normalizamos. No solemos plantearnos que podamos estar equivocados, más bien defendemos a golpe de pecho lo que creemos...y lo seguimos creando sin rechistar.
¿Y si nos planteáramos ser honestos con nosotros mismos? Podría ser un gran paso. Las historias de nuestras vidas serían muy diferentes a lo que estamos experimentando. Decidiríamos con seguridad sana, o al menos sin tanto peso, frialdad ni desconsuelos. La mayoría de los seres humanos estamos ensimismados en nuestro ego, ¡no vemos más allá!, y damos vueltas y vueltas como un hámster dentro de la rueda que no para de rumiar siempre lo mismo...sí, el mismo patrón. Por eso hay escasos referentes contemporáneos que nos inspiren a un posible cambio de filosofía de vida, de percepción, y posterior acción.
De todas formas, esto no niega que podamos darnos cuenta y salir de la jaula de lo conocido mecanizado. Así se rompería el círculo vicioso de lo repetitivo para permitir que se forme la espiral de evolución. Emprender el camino a tu propia Verdad es empezar a desbaratar el disfraz que nos hemos tejido a veces con tanto carácter, con altivo garbo absurdo, desmedida soberbia, con inconsciencia ingenua e inherente sentencia inmoral. Asentir a esta posibilidad de coherencia entre lo que Somos y esa parte inmaterial de la mente, rasga los velos y las vestiduras hostiles de lo dual en nosotros, y permite la conquista de Cada Uno.
He descubierto y comprendido que la puerta de salida del laberinto de mi caos está en mi Corazón. No hay otra. Por eso, comencé a deshacer mi disfraz de dentro a fuera. Decidí rendirme. Solté las armas. Y tras un proceso de desapego que sigo haciendo, empezaron a desaparecer nudos que me ahogaban y no me dejaban caminar.
Ahora, desde el balcón de la perspectiva, donde llegué tras naufragios y tantas caídas, observo a veces a mi ego; en realidad, son destellos que me hacen discernir. Sí, logré subir al mirador donde percibo mi inconsciencia. Desde allí capto el mecanismo del No rotundo, el que aprendió mi ser humano al colocar esta amnesia de Sí Mismo como estandarte, y al miedo, de nuevo, como capitán de las batallas.
Me sorprendió ser consciente del ego social, pues al ver el mío, empezaba a captar levemente el de los demás. Por naturaleza, algunos son tan rápidos y sigilosos, tan torpes y desmedidos...tan devastadores y exagerados en su propio engaño, y a la vez, tan inocentes por su inconsciencia...que llegan a hacer honor a lo ridículo. Qué duro es que todo esto ocurra dentro de nosotros mismos y sigamos sin darnos cuenta, ¿no os parece?
Al hacer esta reflexión, me sobreviene un sentimiento de pura ternura, muy hondo, pues ¿quién conscientemente desea sufrir? Yo siento que nadie.
Todo se materializa con una apariencia tan real... Las caretas del ego son innumerables e inesperadas. A veces se viste con enorme crueldad, tan inhumana. Otras tan entrañable. Con el ego logramos mostrar una sonrisa que por dentro seguramente no exista, pues en realidad podría estar entrelazada a un nudo desdichado de envidia y odio, y no le importe pisotear con tal de lograr alguna conquista. Otras veces, se te muestran egos para convencerte con unos porqués de bondad extrema que resultan ser para interés de su auto-opulencia, y se alimentan de tu energía.
Pero cuidado, hay más, ¡mucho más!, no estoy segura de que haya límites. Éste es realmente una amenaza muy seria. Hay egos que tienen la intención de neutralizar el poder de otras personas, víctimas reales de egos manipuladores, y quién sabe si enfermos, personalmente creo que sí... Situaciones surrealistas que rizan el rizo de lo enrevesado con inquisidores mansos que perpetran con dulce suavidad, ¡tan peligrosa! Egos omnipotentes que desean dirigir la vida de personas, y en palabras textuales, se ven con la capacidad de hacerte un favor inconmensurable, y a su vez, conflictivo desde el origen de su deseo. El mensaje es: “Te concedo la potestad de dirigir yo tu vida porque te tengo en mi objetivo, (dicen -yo te elijo y eres privilegiado/a), y porque sé que de otra forma tú no puedes existir: es decir, soy tu dueño/a. O cedes a que te salve/manipule o te agredo/intento destruirte. Tú sin mí no eres nadie”. Estos adefesios de egos suelen tener argumentos rocambolescos con tal de manipular a personas (que si éstas no tienen un poco de luz, pueden caer en la manipulación total), y no escatiman en dar diagnósticos terribles para hacerse necesarios y hacer ver que son los únicos seres humanos que pueden y deben cuidarlos, pues no hay otra salida, ¡no la hay! ¿De veras no os parece esto demasiado fuerte para ser real? Pues esto, desgraciadamente, existe, no es una película. Continuará...